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El maximalismo es una identidad y un credo. Es todo un paquete. En un principio, el cripto-maximalismo es la idea de que Bitcoin está por encima de todo. En otras palabras, Bitcoin es el único protocolo permisible. Esto, por supuesto, convierte a todos los demás proyectos en no-permisibles. Pero el maximalismo va mucho más allá. Se trata de un grupo de personas con actitudes, ideas y posturas muy similares. Es la “idealización” de un código. Hablamos de un movimiento social minoritario dentro del ecosistema cripto. Analicemos este fenómeno.

Para efectos de este artículo, hablaremos del maximalista estereotípico. Obvio que no todos los maximalistas son iguales. Y es perfectamente posible compartir algunas características con un maximalista sin ser un maximalista como tal. Aquí nos enfocaremos en el extremista radical. Me refiero a esa persona que no quieres junto a ti en un avión. Exacto. Hablo del sujeto que es un fanático religioso de Bitcoin. La luz sale de sus ojos. Politizado hasta la médula. Siempre con la razón. E inflexible en todas sus posturas. Es blanco o negro. Las cosas son sí o sí. Es el guardián de Bitcoin. Habla en nombre de todos. Es una sangre pura de la mejor calidad. Únicamente, él entiende Bitcoin. Y, únicamente, él lo usa como se debe usar.

Primero, hablemos un poco de historia para entender el contexto. Estados Unidos es un país fundado por puritanos protestantes. Es un país esencialmente religioso e individualista. La ética protestante se basa en el trabajo, en la fe personal, y en la libertad individual. Es decir, el protestantismo es bastante antiautoritario y eso siempre ha pesado mucho en la relación entre el ciudadano y el Estado en dicha nación. En Europa, el Estado es Padre. En Latinoamérica, el Estado es un salvador. En Estados Unidos, el Estado es un entrometido. Se trata de un mal necesario que debe mantenerse a un mínimo porque representa un peligro a la libertad personal. 

En los tiempos de Thomas Jefferson, el campesino que cultivaba su propia tierra era considerado el ciudadano ideal. La autosuficiencia era su libertad, su prosperidad y su responsabilidad. En el corazón de ese Estados Unidos conservador, el dinero de papel siempre se ha visto asociado a los abusos del Gobierno Federal. Después de su independencia, el país comenzó a experimentar con el dinero de papel a escala nacional. El fracaso de “el continental” quedó en la psique colectiva para siempre. El Gobierno imprimió dinero hasta más no poder para financiar la guerra. El costo económico para la sociedad fue inmenso.

Pasaron las décadas y el espíritu del pionero del siglo XIX hoy lo vemos en el programador californiano. Se trata de un sujeto libertario, irreverente, y amante de la tecnología. No es un granjero. Es un joven profesional, de clase media-alta, conservador en lo económico, liberal en lo social, escribiendo códigos que liberarán al mundo desde Silicon Valley. La desconfianza en el Estado se mantiene hoy más que nunca. De hecho, se extiende a las corporaciones, a los medios, y a los académicos. Dos cosas son confiables: El individuo y la tecnología.

Bitcoin es un proyecto ciudadano creado por libertarios y anarco-capitalistas. Sé perfectamente que su creador fue Satoshi Nakamoto. Pero esta primera comunidad de bitcoiners se formó con gente proveniente de estos grupos. En lo que respecta al pensamiento económico, Bitcoin se nutre mucho de los escarabajos del oro. Aquí el pecado original es la tendencia hacia el estatismo progresista de la posguerra. En cierto modo, es la vieja pelea contra el “continental”. El patrón Bitcoin es el patrón oro de nuestros días. Si nuestros problemas radican en la impresión indiscriminada de dinero por parte del Estado, la solución es una moneda dura de corte ciudadano.

Todo eso suena muy bonito. Pero hay un problema. Esta revolución basada en el poder del individuo y la tecnología requiere que todos estemos en el mismo barco. Es decir, la construcción de esta utopía liberatoria necesita de personas con las mismas ideas y la misma agenda. Después de todo, es un movimiento ciudadano voluntario. Todos debemos adoptar Bitcoin. Y todos debemos hacerlo de la misma manera. La revolución debe hacerse sin intermediarios. En este caso, el boicot del viejo sistema es tan importante como la construcción del nuevo.

El maximalista, entonces, es la abuela puritana que le inculca sus valores a sus nietos adolescentes. El problema es que los nietos hacen lo que les da la gana. El joven no quiere ser abogado. Y la joven no quiere llegar virgen al matrimonio. La abuela es ignorada. Y su única opción es refunfuñar sola. El código Bitcoin es usado por muchísimas personas. No es un club exclusivo de maximalistas. Es un mercado libre y amplio compuesto por millones de personas de todos partes del mundo. Gente con ideas diversas. Bitcoin es usado como inversión, como forma de pago, y como un instrumento que abre puertas y minimiza las fricciones. En otras palabras, Bitcoin es una tecnología conveniente. Y se usa por conveniencia. La comunidad Bitcoin es, en su mayoría, utilitaria.

El maximalismo es una minoría sumamente ruidosa en el espacio cripto. Su problema, tal vez, no yace en la ideología que pregonan. El problema es que este río no se puede detener con un par de tuits. La gente seguirá haciendo lo que le convenga. La gente seguirá creando nuevos proyectos. La gente seguirá innovando. Las personas continuarán usando intermediarios en la medida que esos intermediarios ofrezcan productos y servicios de utilidad. El usuario da su llave privada, si eso lo beneficia. Así de sencillo.

Comprar BTC es una suscripción al club maximalista. Los maximalistas no son los guardianes de Bitcoin. Son un grupo más entre miles de grupos en este espacio. Bitcoin es de sus usuarios. ¿Quiénes son los usuarios de Bitcoin? Personas de todas las tendencias políticas, personas de todas las nacionalidades, inversores, especuladores, comerciantes, empresarios, traders, capitalistas de riesgo, oficinas familiares, gobiernos, bancos, fondos de cobertura, empresas, pobres y ricos, entre muchos otros.

Las aspiraciones absolutistas de los maximalistas no son posibles en un libre mercado. El patrón Bitcoin solo es posible mediante un decreto estatal. Palabras más, palabras menos, con el uso de la fuerza. Una moneda única para todos. En el contexto de un libre mercado, pretender que todos se unirán bajo un proyecto único de manera voluntaria es una quimera. Eres libre o no lo eres. Y si eres libre, debes permitirle a los demás ser libres. La imposición de una moral rígida es una forma de opresión. Es un disco rayado y un fastidio insoportable. ¡Maximalista, de ceño fruncido y mirada iracunda, calmaos! Vive y deja vivir.

  

Este es un artículo de opinión y Cointelegraph no se adhiere necesariamente a lo expresado aquí por el autor

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