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El inversor invierte para ganar dinero. La estrategia, entonces, es comprar barato para vender caro. Ahora bien, todo es cuestión de expectativa. Un inversor optimista compra. Un inversor pesimista vende. La ganancia (o perdida) yace en esa diferencia entre el precio actual y el precio futuro. Antes de cualquier decisión, es necesario realizar un avalúo y una proyección. De esta forma, podemos hacer nuestra apuesta. Si el activo está siendo subvalorado por el mercado, lo más sensato sería comprar. Si, por otro lado, el activo está siendo sobrevalorado por el mercado, lo más sensato sería comprar. Si se trata de fluctuaciones menores, lo mejor es mantener nuestra posición intacta. ¿Por qué huyen los inversores? Los inversores huyen cuando anticipan un futuro decadente.

Lo primero que debemos tomar en cuenta a la hora de hacer nuestro análisis es que en el mundo de las criptomonedas existe una gran presión comercial por mantenerse alcista en todo momento. El barco puede estar hundiéndose. Pero el plan es siempre mostrarse sereno y optimista. Las caras más visibles de la comunidad tienen que mantenerse fieles a ese libreto. Hay que repetir la narrativa acordada. Hay que mantener el ánimo. Hay que mantener viva la esperanza, recordando las glorias pasadas. Es cuestión de dinero. Los exchanges, los fondos, la prensa especializada y las grandes ballenas viven de esa esperanza. El panadero defiende su producto. La dulcería defiende el suyo. El peluquero siempre piensa que necesitas un corte. La industria cripto siempre es alcista. No tiene otra opción.

Por otro lado, debemos entender la época en que vivimos. Vivimos en una sociedad polarizada y fragmentada. Es decir, todos pertenecemos a un nicho. Vivimos en tribus. Ellos siempre nos mienten. Nosotros siempre somos los virtuosos creyentes. Ellos (los demás) siempre son culpables. Nosotros siempre somos inocentes. La verdad de la tribu es la verdad del universo. Y todo lo que no sea nuestra verdad es un engaño.

El mundo de la criptomonedas es un nicho. Se trata de una amalgama de libertarios, anarcocapitalistas, conservadores, capitalistas de riesgo, especuladores y personas de todo tipo. Ahora bien, se podría decir que existen dos grandes corrientes dentro de la comunidad: Los militantes y los mercenarios. Los militantes son más ruidosos. Pero los mercenarios son más numerosos. Por un lado, tenemos a los eternos enamorados hablando de grandes ideas y participando en la guerra de ideologías con juegos semánticos. Y, por otro lado, tenemos a la gran mayoría con intenciones mucho más prosaicas.

El joven ambicioso con ansias de fortuna es el protagonista de esta historia. ¿Por qué la fuerte correlación entre Nasdaq y Bitcoin? Esa correlación nos revela la verdadera configuración de la comunidad Bitcoin. Para entender Bitcoin no hay que ir a Twitter o Youtube. En esos espacios, nos encontramos con los dogmas y las aspiraciones de una minoría que idolatra a un bitcoin romántico. Para entender el Bitcoin real hay que estudiar directamente su comportamiento. ¿Cómo se comporta el precio? ¿Cómo se comporta el mercado?

¿Qué es Bitcoin? Bitcoin es un código. El código representa una tasa de cambio. La mayoría compra Bitcoin con moneda fiat esperando un incremento en su precio. Debemos reconocer que Bitcoin no es un activo de “creación de riquezas”. O sea, no es un activo productivo con valor intrínseco. Bitcoin no es un alimento, ni un territorio, ni un metal. Es un código. Una abstracción. Su valor es monetario. Un medio de intercambio. Su valor yace en su capacidad para el intercambio.

Bitcoin no tiene policía, tribunales, ejército, aviones ni buques de guerra. Bitcoin es un pacto social de carácter ciudadano. Su aceptación es voluntaria. Pero no es gratis. Las personas deben comprar este código con moneda fiat del mismo modo que podríamos comprar un coleccionable. Estamos hablando de un par. Y un par se compone de los dos elementos. Ahora bien, las personas necesitan dinero para adquirir bienes y servicios. Estos bienes y servicios tienen un costo en moneda fiat. Con moneda fiat, podemos comprar Bitcoin. Si Bitcoin sube de precio, al momento de vender, las personas pueden adquirir más bienes y servicios que al principio. Así de sencillo. 

No hay que ser un genio para saber que este sistema se alimenta de la abundancia de moneda fiat. Los más fanáticos enredan este proceso con una retórica bastante rebuscada. Pero seamos francos. Así funciona esto. ¿O no? En el periodo 2009-2021, tuvimos las condiciones ideales para el crecimiento de Bitcoin: Crecimiento económico lento, inflación moderada, liquidez abundante y optimismo tecnológico. Durante este periodo, cada vez que el mercado cayó, la Reserva Federal de los Estados Unidos acudió a nuestro rescate con importantes inyecciones de dinero.  

Ahora estamos entrando en un nuevo paradigma. La inflación se disparó, el precio del petróleo se disparó, hay escasez de alimentos, existen cuellos de botella en casi todas las cadenas de producción y distribución, siguen las medidas de confinamiento en China y tenemos una guerra en Europa. La Reserva Federal de los Estados Unidos esta vez no puede rescatarnos debido a la inflación. De hecho, en esta oportunidad, se ve en la obligación de retirar liquidez del sistema. Las cosas cambiaron. 

¿Cómo han reaccionado los inversores? Los inversores se han vuelto más conversadores buscando refugio en activos más estables. Están comprando dólares. Están comprando bonos-T. Están invirtiendo en petróleo y mercancías. Nasdaq está cayendo, porque, durante los últimos años, el sector crecimiento (tecnología) ha sido valorado según la estimación de los ingresos futuros. Claro que ahora muchos están anticipando una recesión para los próximos años. O sea, los ingresos futuros no se ven tan boyantes como antes. Lo que implica que todas las valoraciones deben reajustarse.

Recordar las glorias pasadas es un recurso menos seguro en esta oportunidad, porque las condiciones de los próximos años serían muy distintas a las condiciones que hemos experimentado hasta el momento. Dos datos claves: La inflación y los bonos-T.

Cierto. Nos logramos recuperar magistralmente de la caída de marzo del 2020. Ah, pero la realidad es muy distinta en esta oportunidad, porque esta vez no tendremos el rescate de la Reserva. Me refiero precisamente a eso, cuando digo que ahora las condiciones son distintas. ¿Por qué huyen los inversores? Pesimismo en torno al futuro. ¿Tendremos una recesión? No lo sabemos. Es posible que tengamos un “aterrizaje suave”. Sin embargo, no es muy probable. ¿Por qué? Porque muchas cosas pueden ir mal. Y, normalmente, cuando muchas cosas pueden ir mal, por lo general, terminan mal.

¿Qué hacer? La solución en estos casos no es necesariamente entrar en pánico. Sin embargo, tampoco es caer en la negación. El punto medio es la prudente reorganización de nuestro portafolio sopesando los riesgos. ¿Puede tu portafolio soportar más caídas? Si tu portafolio de inversores no puede soportar más caídas, es porque seguramente estás demasiado endeudado o tienes todos los huevos en una misma canasta. Es posible que ese portafolio necesite más estabilidad. Invertir a largo lapso normalmente es la opción más sensata. Pero hay que tener la capacidad de esperar. El muy endeudado no tiene esta capacidad. Y el muy descapitalizado también la tiene. ¿Tienes tu casa en regla? 

Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.

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