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¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Cuál es el propósito de tanto trabajo y tanto estudio? Escribo para inversores cuya meta es crecer financieramente. Entonces, lo más sensato es hablar en términos financieros. Lo que aquí nos compete es lo monetario. Lo filosófico o político es válido. Sin embargo, para efectos de este artículo, la libertad es un número.

El dinero es una tecnología social estrechamente relacionada a la escritura, a las matemáticas y a la contabilidad. Es, en esencia, una abstracción. Porque, en el fondo, es un instrumento de medida. Si el metro mide distancia, el dinero mide valor monetario. Por encima de todo,  el dinero es una unidad de cuenta. Y el dinero en nuestro bolsillo representa nuestra capacidad para el intercambio.

Ahora bien, todos tenemos capacidades y todos tenemos necesidades. Nuestras capacidades tienen una utilidad social. Y nuestras necesidades son bienes y servicios que la sociedad puede solventar. El dinero es un instrumento que nos facilita este comercio de intereses. En teoría, es posible vivir del aire como un vagabundo dependiendo de la caridad de los demás y de la naturaleza. Es posible. Se pueden cubrir las necesidades básicas con algo de ingenio y un poco de suerte en la ausencia absoluta de dinero. Sin embargo, aquí estamos buscando establecer la cantidad necesaria de dinero para poder vivir una vida digna pagada con nuestras propias monedas. 

El primer peldaño en la escalera de la libertad financiera es poder ganarse un ingreso. O sea, sin ingresos, no hay libertad. He ahí la importancia de tener un oficio. Un oficio te hace valioso. Te da libertad, porque te da un ingreso. Si nuestros ingresos cubren nuestros gastos, tenemos algo de autonomía. Somos independientes en cierto sentido. Lo que es un paso al frente. Pero tal vez no tenemos seguridad financiera todavía. Seguridad financiera es un término que normalmente significa trabajo, bienestar y capacidad de ahorro. O sea, no vivir de quincena a quincena. Vivir acorde a nuestros deseos. No depender de las tarjetas de crédito. Tener las deudas a un mínimo. Tener un generoso fondo de emergencia.

Si el primer paso es tener seguridad, el segundo es tener más libertad. En un mundo ideal, nuestros ingresos superan nuestros gastos y queda un excedente. Importante que nuestros gastos cubran el estilo de vida de nuestros sueños. Ahora bien, este excedente lo podemos usar para invertir. De este modo, ese dinero puede generar ingresos adicionales. Con tiempo y constancia, esta estrategia es el camino hacia la libertad. 

En la mayoría de los casos, cuando hablamos de libertad financiera, hablamos de poder vivir de una renta. Si el estilo de vida de nuestros sueños tiene un presupuesto que podemos definir con un número, la meta es que nuestras inversiones generen los suficientes ingresos pasivos para cubrir ese presupuesto. Por ejemplo, si nuestro portafolio logra mantener una renta anual del 5%, el capital requerido para obtener libertad financiera es 25 veces nuestros gastos anuales. He ahí el numero magico. No te lo puedo dar yo. Lo tienes que establecer tú. 

Eso no implica que es obligatorio dejar de trabajar para ser libres. La libertad no es el ocio. La libertad es la abudancia de opciones. La cifra en cuestión es una referencia. La cifra implica tener la opción de dejar de trabajar, si así lo deseamos. En esa opción, yace la libertad. Nadie podría decir que Warren Buffett no es libre financieramente por mantenerse activo. El punto es que tiene la capacidad financiera de dejar de trabajar cuando mejor le plazca. En ese sentido, Warren es libre.

La libertad financiera es un número. Los gastos de la persona promedio se dividen en vivienda, servicios, comida, transporte, salud, entretenimiento, familia y demás. Si nuestras necesidades siempre están cubiertas, eso implica que el dinero no es una preocupación constante. Todo se siente gratis. Después de todo, todos los recursos que necesitamos están a nuestra disposición. Es como el jardín de Edén. Pero con reglas propias. 

Esa libertad se logra invirtiendo en activos que generen ingresos. Lo que necesitamos es disciplina, capital, tiempo y reinversión. Lo más complicado es tener la sabiduría de escoger un estilo de vida realista y, al mismo tiempo, satisfactorio. Todo esto podría sonar muy extraño, porque normalmente se piensa que la meta financiera por excelencia es obtener muchísimo dinero para poder mantener un nivel muy elevado de consumo. O sea, para poder ostentar riqueza material y símbolos de estatus. La meta es válida. Sin embargo, la libertad financiera es otra cosa. La libertad financiera se relaciona más con nuestra capacidad de generar ingresos suficientes que con un patrón de gasto elevado. 

Recientemente, leí un artículo que me dejó bastante pensativo. Según este artículo, el 36% de las personas (en EEUU) ganando 100 mil dólares o más viven de cheque a cheque. Es decir, todos los meses su salario se vuelve ceniza con los gastos cotidianos. Los ahorros son mínimos. Las deudas son muchas. En estos casos, el nivel de consumo es alto. Uno podría llegar a pensar que ganando más dinero se vive más tranquilo. Pero este no siempre es el caso. No sirve de mucho llenar la cubeta de agua, si insistimos en abrir más orificios  en el fondo. Si mucho entra y mucho sale, no hay crecimiento real. 

La gran ventaja de tener libertad financiera es que podemos construir sobre ella. Si queremos trabajar hasta nuestros últimos días, lo podemos hacer. Si queremos construir un imperio, lo podemos hacer. Si queremos parar y descansar, también lo podemos hacer. Palabras más, palabras menos, somos libres. porque tenemos opciones. 

¿Es posible crear una moneda “universal” sin el Gobierno?

El inversor exitoso piensa en términos de riesgo y beneficio. La relación debe ser la adecuada. El error de muchos es arriesgar mucho para ganar poco. Supongamos que tenemos libertad financiera. Y eso significa un fondo de 3 millones de dólares que nos genera una renta fija. De pronto, decidimos tomar ese dinero para invertirlo todo en activos más riesgosos. Si el negocio sale bien, triplicamos nuestro dinero. Si el negocio sale mal, nos quedamos en la calle. Francamente, no vale la pena. El riesgo no justifica el beneficio. Esto, a primera vista, nos podría parecer absurdo. Sin embargo, las personas lo hacen todo el tiempo. Ponen en riesgo dinero que necesitan, para ganar dinero que no necesitan. 

Estimado lector, te invito a indagar más sobre el concepto de libertad financiera y sobre el concepto de riesgo-beneficio. Con una visión clara, es más fácil formular planes y estrategias. ¿Qué es lo que quiero? ¿Qué me impide lograr lo que quiero? ¿Qué debo hacer para vencer? 

Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.

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