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Las guerras son eventos sumamente lamentables. Y lo que está ocurriendo en Ucrania no es una excepción. Lo primero es el costo humano de un conflicto de esta naturaleza. Obvio que no es juego. La situación es triste. Me refiero a este conflicto en particular. Pero el sentir es aplicable a todos los conflictos en general. En este artículo, voy a evitar a toda costa echarle más leña al fuego. Se trata de un artículo apolítico. Y la intención no es acusar a nadie de nada. Tampoco quiero promover propaganda de ningún bando. La intención aquí es explorar los efectos económicos de dicho conflicto en lo que respecta especialmente al precio de Bitcoin.

Al parecer, los seres humanos estamos condicionados biológicamente a poseer un mecanismo dual en nuestras relaciones con los demás. Tenemos una ética de cooperación con los amigos y una ética de competencia con los enemigos. La amenaza de un enemigo común sirve como elemento de cohesión social. Es decir, une filas y disipa las fricciones internas. Las diferencias dividen. La familiaridad une. En casos extremos, las divisiones nos llevan a la violencia. En casos extremos, la devoción a una causa puede llevarnos al fanatismo. Las guerras son eventos complejos y multifactoriales. Tenemos factores históricos, geográficos, psicológicos, sociales, políticos y económicos. En otras palabras, el asunto nunca es sencillo.

En el calor de la contienda, sentimos la tentación de simplificar las cosas. Por ende, surge un esquema de un ellos y un nosotros. Ellos siempre son culpables. Y nosotros siempre somos inocentes. Es decir, durante un conflicto, es muy fácil perder la objetividad. Aquí no estamos hablando de neutralidad. Estoy hablando de objetividad. Eso quiere decir que el problema es complejo y obedece a muchas causas.

Rusia no es extraña al dilema existencial. Hablo de la búsqueda por una identidad nacional. En este sentido, históricamente, el país siempre ha oscilado entre dos identidades opuestas. Hay una Rusia que mira hacia Occidente. Y hay una Rusia que se encierra en sí misma. Recordemos que el territorio hoy conocido como Rusia formó parte del Imperio Mogol por muchos años. Rusia vivió por siglos aletargada en la Edad Media. Todo cambió con la llegada al poder de Pedro El Grande, en 1689, que intentó por la fuerza occidentalizar el país. Europa ya había pasado por el Derecho Romano, el Renacimiento y la Reforma. Sin embargo, Rusia lo único que conocía era el despotismo mogol. Después de la muerte de Pedro el Grande, los zares siguieron impulsando una actitud pro-occidente. La compleja relación con Occidente, la tradición autoritaria y la voluntad del pueblo ruso por mantener su carácter diferencial son componentes característicos de este gigantesco país.

Ahora bien, ¿qué significa este conflicto para el inversor? El conflicto, las sanciones y todo lo relacionado ya está teniendo efectos en el precio del petróleo, en el precio de algunas mercancías y en el precio de algunas materias primas. Este golpe al suministro en algunos rubros, para colmo de males, genera más presiones inflacionarias en Estados Unidos y Europa. Las sanciones económicas impuestas tienen la intención de asfixiar la economía rusa. Sin embargo, también tiene un costo para la economía mundial.

Los mercados, sin embargo, han reaccionado relativamente bien ante el conflicto por el hecho de que no habrá respuesta militar por parte de la OTAN. Eso significa que, por el momento, se trata de un conflicto regional y no de una guerra mundial. Los últimos rebotes son señales de optimismo en lo que respecta a la no escalada del conflicto. En lo que respecta a las sanciones, el efecto puede ser doble. Por un lado, ya hablamos del aumento en el precio en algunos rubros debido al aislamiento ruso. Por otro lado, estas medidas podrían desacelerar el comercio mundial. En un mundo tan interconectado, la desarticulación de un actor tan importante como Rusia del escenario económico podría causar más de un enredo.

Irónicamente, estamos en la presencia de dos fuerzas que se cancelan mutuamente. La interrupción del suministro de materias primas importantes en una región clave genera una presión claramente inflacionaria. Pero la desaceleración del comercio mundial, debido a las sanciones y a la disminución de la confianza, genera presiones deflacionarias. En un clima económico tan sobrecalentado, un enfriamiento puede resultar beneficioso. De hecho, muchos analistas han expresado la posibilidad de un aumento de tasa más conservador de lo previsto por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos a raíz de los últimos acontecimientos. Esto podría explicar la reciente ola de optimismo en los mercados durante estos últimos días.

No hay que ser un genio para saber que el par BTC/Rublo está conmocionado como todo lo que está pasando. En situaciones de encierro, las personas buscan vías de escape. Los efectos en el precio y en el volumen son entendibles. Ocurrió en Venezuela, en Argentina, en China, y en otros lugares. Las restricciones nunca son totales. Y la gente se las ingenia para encontrar soluciones. Bitcoin es paz y libertad.

Sin lugar a dudas, es virtualmente imposible mantenerse imparcial durante un conflicto de este tipo. Sin embargo, lo mejor, en estos casos, es no perder la objetividad. Todo evento tiene sus consecuencias. Y, como inversores, la tarea es hacer un análisis financiero de esas consecuencias. De esto modo, no ser una víctima más del conflicto.

Existe una tendencia natural entre los conservadores de vender pesimismo. Los activistas antisistema son muy dados a promover el miedo como estrategia de ventas. Esta es una costumbre, probablemente, heredada de los escarabajos del oro que se filtró en la comunidad cripto por afinidad política. La idea de Bitcoin como “refugio seguro” ante un eventual colapso sistemático es la manifestación más clara de esta corriente reaccionaria. La cosa va así: En una crisis, la gente compra Bitcoin como protección. Lo que se está haciendo aquí es básicamente una copia y pega de la narrativa del oro. “Compra oro porque el fin del mundo se acerca”. 

Ahora bien, Bitcoin es futuro. No pasado. Su historial ha demostrado claramente que el optimismo sube su precio. Bitcoin es hijo de la prosperidad. Es el activo de los jóvenes, los ambiciosos y los valientes. Bitcoin es un activo de crecimiento. El futuro necesita de optimistas. Los pesimistas y miedosos que compren oro.  Yo prefiero comprar Bitcoin.

 Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.

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