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El inversor debe tomar decisiones bajo mucha incertidumbre. ¿Subirá el precio? ¿Bajará el precio? Si nos equivocamos, perdemos dinero. Si acertamos, ganamos dinero. El problema es que nadie sabe con seguridad el futuro del precio. En estos casos, no tenemos más opción que apoyarnos en la información disponible y en la teoría de la probabilidad. La interpretación del “sentimiento” del mercado nos puede aportar mayor claridad. No es una bola de cristal. Pero sí es una referencia para orientarnos. Nos puede ayudar a hacer mejores pronósticos. Por ende, nos puede ayudar a tomar mejores decisiones financieras.

Ahora bien, las ballenas son las que mueven el mercado. Claro que las ballenas/instituciones a veces se mueven con los minoristas y a veces se mueven contra los minoristas. Lo más rentable es moverse con las ballenas. Esa diferencia normalmente la indica el volumen en la acción del precio. Si analizamos esto, de la mejor manera posible, en el contexto del sentimiento y la realidad macroeconómica, nuestros pronósticos serán mucho más poderosos.

En relación al sentimiento, la tarea es aprender a determinar cuándo un mercado está en modo risk-on y cuando está en modo risk-off. Risk-on: Apetito por el riesgo. Risk-off: Rechazo al riesgo. El indicador de sentimiento (Miedo-codicia) es un indicador a consultar. Pero no es suficiente. Es importante aprender la diferencia entre el sentimiento risk-on/risk-off y el sentimiento FOMO/FUD. El primero se relaciona más con el smart money (ballenas/instituciones) y la acción del precio. El segundo se relaciona más con el público, los minoristas, la prensa y las redes sociales. Siempre es mejor jugar con el equipo más fuerte. 

Debemos recordar que el mercado es una batalla entre compradores y vendedores a un precio determinado. O sea, es la voluntad de comprar o vender a un precio. Principio: Las preferencias, los valores, y las expectativas de los participantes influyen en la relación demanda/oferta. Es decir, el sentimiento tiene su peso, porque lo subjetivo es tan importante como lo objetivo. En las palabras de John Templeton, “Los mercados alcistas nacen del pesimismo, crecen en el escepticismo, maduran en el optimismo y mueren en la euforia.”

El optimista compra. El pesimista vende. El dudoso espera. Pero en los mercados los jugadores grandes son más influyentes que los jugadores pequeños. Sin embargo, los jugadores pequeños son más ruidosos. Ojo con eso. El jugador inteligente observa con mucha atención las acciones de los peces grandes y es muy escéptico del cotilleo de los pequeños. Por ende, nuestra lectura del sentimiento siempre debe verse en el contexto del volumen y la acción del precio. Porque las alzas o las bajas impulsadas por los peces pequeños no suelen mantenerse por mucho tiempo. En estos casos, lo más probable es que se trate de victorias pasajeras.

Más allá del PIB, el empleo, la inflación, el déficit fiscal, o la balanza comercial, siempre hay que tener muy en cuenta las reacciones y las decisiones de la Reserva Federal (La Fed) de los Estados Unidos. La Reserva es el alfa y el omega de los mercados financieros. En la gran mayoría de los casos, una política monetaria laxa genera sentimientos risk-on y una política monetario más rígida genera sentimientos risk-off. Claro que lo más sensato es siempre confirmar esto con el comportamiento del mercado de bonos del Tesoro. Una alta demanda por bonos-T normalmente se asocia con un ambiente risk-off. Y una baja demanda se asocia con un ambiente risk-on. Un dólar index fuerte normalmente es risk-off. Lo opuesto normalmente es risk-on. Un S&P 500, un Dow Jones y un Nasdaq en rojo, por lo general, nos indica un entorno risk-off. Lo contrario es risk-on. El oro, el petróleo y las demás mercancías son más difíciles de leer, porque sus señales varían mucho con el contexto. Nota importante: El precio de Bitcoin normalmente sube en un ambiente RISK-ON. Una elevada volatilidad es la señal más característica de los activos risk-on.

Las personas generalmente adquieren Bitcoin pagando con fiat. Bitcoin es más un activo especulativo que una divisa. Esto lo podremos demostrar señalando la gran brecha entre el volumen de transacciones en los exchanges y el volumen de transiciones en el comercio. O sea, hay más personas adquiriendo Bitcoin como inversión que pesonas comprándolo para salir a pagar un café con él. Entonces, es razonable asumir que, para efectos del precio de Bitcoin, lo que sucede con la Fed, Wall Street y las ballenas es más relevante que la opinión en la calle o en Twitter.

Ahora bien, pocas cosas son tan elocuentes para explicar la realidad de un activo como la acción del precio. Más allá de las narrativas, ideas, y seguidores en Twitter, el precio es rey. Por ejemplo. En Twitter, se dice que Bitcoin es un “refugio seguro”. Nos vamos al precio y nos damos cuenta que Bitcoin es uno de los activos más volátiles allá afuera. ¿A quién le creemos? En Twitter, nos dicen que Bitcoin es una excelente “cobertura contra la inflación”. Nos vamos al precio para descubrir que el precio cae en tiempos de alta inflación. ¿A quién le creemos?

En Twitter, nos dicen que Bitcoin existe, porque los bancos centrales imprimen mucho dinero. Vamos al precio y descubrimos que, en efecto, el precio de Bitcoin aumenta en la presencia de estímulos monetarios. En este caso, la acción del precio se alinea con la narrativa en la calle y en Twitter, porque hay evidencia clara que confirma la suposición. Se podría decir que esta última suposición es realista. Y las demás son falsas. Son fantasías. O, en el mejor de los casos, las aspiraciones de un público minoritario.

Los activos de riesgo suelen ser más rentables en el largo plazo. Porque, en el tiempo, los ciclos alcistas son más largos en promedio que los ciclos bajistas. Lo que implica que, en el tiempo, crecer es más probable. Por ende, el inversor a largo plazo siempre tiene una ventaja. Eso no significa, por supuesto, que tenemos licencia para abusar de las frases “refugio seguro” y “cobertura para la inflación”. Cierto, los ciclos alcistas son más frecuentes y más largos. Pero los ciclos bajistas suelen ser más violentos. Entonces, no deberíamos subestimar los peligros de las etapas bajistas. Si colocamos nuestro dinero en un activo risk-on (pensando que es un activo risk-off) en tiempos risk-off, podríamos perder dinero gracias a esta confusión.

También implica que para evitar la ruina durante los malos tiempos debemos tener una excelente gestión del riesgo. La lectura del sentimiento se basa en esta teoría: Las personas piensan y actúan diferente en tiempos de vacas flacas. La escasez de dinero hace que seamos más selectivos con nuestras inversiones dándole prioridad a lo estable sobre lo volátil. Eso le da una ventaja a los activos de renta fija y una desventaja a los activos con una renta muy variable.

Lo que buscamos aquí no es convertirnos en adivinos. Un pronóstico no es una certeza. Lo que se busca es una orientación en el momento de comprar, vender o esperar. De esta forma, no realizar una apuesta con los ojos vendados. Si la probabilidad alcista es mayor, compramos. Si la probabilidad bajista es mayor, vendemos. Si la probabilidad es bastante pareja, lo mejor es esperar por una mayor claridad. ¿Está el éxito garantizado? Claro que no. Pero, al menos, estamos dando la pelea con más armas en la mano. 

Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.

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