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En esta oportunidad, nuestro breve pasado nos sirve de muy poco para predecir el futuro. Es decir, los modelos actuales no funcionan. ¿Por qué? Bueno, porque nos dirigimos a un mundo nuevo y las reglas son otras. Claro que todavía nos encontramos, en cierto modo, en la fase “Buy the dip” de negación. Se nos olvida que hace tan solo unos meses Michael Saylor, el CEO de Microstrategy, todavía le recomendaba a la gente hipotecar su casa para comprar Bitcoin a 50 mil dólares por unidad. Bien sabemos que la presión comercial de ser siempre alcista es enorme para exchanges, fondos y ballenas. Sin embargo, el inversor no siempre debe bailar la música que le tocan las partes interesadas.

Las cosas no están bien. Las últimas semanas no han sido “promedio”. “Promedio”: Ese fue el adjetivo usado por Dan Morehead de Pantera Capital, al estilo de un jugador de póker, en una reciente entrevista televisiva, para describir el pandemonio de las últimas semanas. Ahora supongamos que hipotecamos nuestra casa y compramos Bitcoin en 50 mil dólares. El precio de Bitcoin en 10 años es irrelevante, porque podríamos perder nuestra casa en cuestión de meses durante una temporada bajista. Una cosa es ser optimista y otra muy distinta es ser irresponsable. En el ecosistema cripto, necesitamos más educación financiera y menos fanatismo. 

¿Por qué invertimos? ¿Cuál es el objetivo de todo esto? Simple. Vivir cuesta dinero. Necesitamos dinero para adquirir bienes y servicios. Necesitamos techo, cosas, aire, comida, agua, transporte, salud, ropa, entretenimiento, etc. Pensemos en un Robinson Crusoe. Somos un náufrago. Estamos en una isla desierta y lo único que tenemos en el bolsillo es una cartera con miles de BTC. ¿De qué nos sirve un código de computadora en la ausencia de artículos vitales? Pensemos en eso por un segundo. En otras palabras, nuestro objetivo más básico es solventar nuestras necesidades.

El dinero es valioso por su capacidad de intercambio. Sin esa capacidad, el dinero no sirve de nada. El dinero no tiene valor intrínseco. Su valor es monetario. Es un medio de intercambio. Una abstracción. Ahora bien, necesitamos dinero para cubrir nuestras necesidades. En otras palabras, nuestro estilo de vida tiene un costo. Ese es el objetivo de todo esto: Poner el pan en la mesa.

El esquema básico es el siguiente: Tenemos ingresos. Tenemos egresos. Y la acumulación de capital surge cuando nuestros ingresos son superiores a nuestros egresos. En consecuencia, lo más sensato es invertir ese capital para obtener ingresos adicionales. De esta manera, ir creciendo financieramente. Al invertir, ciertamente, ponemos en riesgo nuestro capital para poder crecer. Para efectos de este artículo, “volatilidad” es sinónimo de “riesgo”. Y “estabilidad” es sinónimo de “seguridad”. Otra cosa: No es lo mismo perder dinero que perder una oportunidad.

Si Pepe compró 50 mil dólares en Bitcoin a 64 mil dólares durante la última racha alcista, en este momento, el amigo Pepe está en rojo. Si, por otro lado, Pablo rechazó la oferta de comprar Bitcoin a 300 dólares por unidad y prefirió invertir 50 mil dólares en bonos, Pablo no está en rojo. Pablo tal vez perdió una gran oportunidad. Sin embargo, no perdió dinero. El que no invierte no corre riesgo. Pepe sí perdió dinero. Porque ahora puede adquirir menos bienes y servicios que antes.

Bitcoin es un código. Una tasa de cambio. Lo que implica que su precio sí es muy importante. Muy distinto el caso de un activo productivo. Digamos una granja. El precio de mercado de una granja productiva no es tan importante para el granjero que no piensa vender. En su caso, lo más importante es la productividad de la granja. No es el caso de Bitcoin. Porque Bitcoin no es un activo de “producción de riquezas”. Bitcoin es un activo de “transferencia de riquezas”. Lo que implica, entonces, que su tasa sí importa bastante. 

Ahora, hablemos de los pecados capitales. En primer lugar, endeudarse para comprar activos volátiles. Fatal. Caso Microstrategy. Caso El Salvador. Sencillo. Un colapso del precio nos puede llevar a la quiebra. En segundo lugar, colocar todos los huevos en una misma canasta. Por ejemplo, lo sucedido a las personas que perdieron los ahorros de toda una vida en menos de 24 horas en el caso del colapso de Luna-Terra. En tercer lugar, quedarse sin fiat. Aquí también debemos incluir el hecho de no tomar ganancias durante un ciclo alcista. En fin, todo portafolio necesita estabilidad.

Ahora en torno a la inversión a largo plazo. Cierto. Lo más sensato es invertir con una visión a largo plazo. Me refiero a lapsos de 5 a 10 años. Pero, para esperar ese tiempo, debemos tener la capacidad de esperar ese tiempo. En otras palabras, se requiere un portafolio muy estable, diversificado y balanceado. Libre de deudas o apalancamientos. En definitiva, es una gran irresponsabilidad recomendarle a la gente hipotecar sus casas para comprar Bitcoin. Y presentar un activo tan nuevo y volátil como un “refugio seguro”. ¡Ojo!

“Comprar la caída” (“Buy the dip”). Cierto. Lo ideal es comprar barato para vender caro. Pero “comprar la caída” no siempre es una buena idea al comienzo de un ciclo bajista y con una recesión a la vuelta de la esquina. Hay que recordar que “comprar la caída” puede llegar ser muy mala idea cuando esa caída es la primera de muchas por venir. Podemos comprar, pero con mucha cautela. En lo personal, uso la estrategia Dollar-cost averaging (véase DCA). Uno puede ir comprando gradualmente en intervalos fijos y en cantidades pequeñas. Pero con mucha prudencia para no descapitalizarse. He ahí la importancia de nunca quedarse sin efectivo (fiat).

El inversor de criptomonedas debe tener mucha cabeza fría para no caer en las tentaciones del fanatismo y el delirio. En las redes sociales, se dicen muchas ridiculeces. Todos los dogmas y la propaganda siempre confunden a los más incautos. Sin embargo, lo más importante aquí es cuidar nuestro bolsillo. ¿Tienes tu casa en regla? ¿Tu portafolio puede tolerar más desplomes del precio?¿Qué le sucedería a tu estilo de vida si mañana el precio de Bitcoin es de $15K? Si te preocupa ese escenario, llegó el momento de reorganizar tu portafolio. 

Vivimos en una época muy peculiar. Ahora todo es un campo de batalla. Cada persona habita en un nicho que funciona como su tribu. El pertenecer a una tribu te aporta una narrativa, unos amigos y unos enemigos. La tribu es la “causa”. Todo lo demás es la “anti-causa”. En estos tiempos, un par de documentales en Youtube son suficientes para convertir a un joven común en un héroe de la historia en tan solo unas horas. Cualquiera es un experto en cualquier tema cuando la desconfianza hacia los expertos es casi total. Cualquier premio Nobel en economia es un “idiota”, si contradice lo dicho por nuestro influencer favorito.  

Todo eso es, ciertamente, muy bonito y divertido. Hasta cierto punto. La fe en algo. Las batallas ideológicas. La desconfianza en las instituciones. La rebeldía y la contracultura. La conspiración de los poderosos contra el pueblo. Ahora bien, por encima de todo esto, el inversor debe cuidar su bolsillo. Los ilusos son los primeros en perder dinero. De hecho, el principal enemigo del inversor es el pensamiento ilusorio. Debemos ser fríos y pragmáticos con nuestro portafolio. Invertir sabiamente significa sopesar los riesgos y las oportunidades de manera muy objetiva. Significa dejar de idealizar y estar preparados en caso de reveses y sorpresas.

Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.

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