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El optimista cree que el momento ideal para comprar es ahora. El escéptico duda y decide esperar. El pesimista, por el contrario, considera que lo mejor es no comprar. Aquí la variable más importante es la expectativa. Me refiero a nuestra teoría del futuro. El optimista ve un futuro mejor. El escéptico aún no ha encontrado claridad. Y el pesimista cree que todo se irá por el drenaje. Esta industria abusa de las predicciones para despertar entusiasmo. Y nos vende la idea de que siempre es buen momento para comprar. Eso es como preguntarle a un panadero sobre la cena ideal. Obvio que pan. ¿Cuándo es un buen momento para comprar? Bueno, todo depende.

Lo primero que debemos hacer es definir nuestro objetivo. Aquí el objetivo no es el futuro de Bitcoin. No es la reforma monetaria mundial. No es una utopía libertaria. Aquí el objetivo es el crecimiento financiero del inversor. A partir de ahí, construimos una estrategia. Entonces, debemos comenzar siempre con el inversor. Hay que colocar al inversor en el centro. Ahora bien, se requiere, entonces, realizar un estudio detallado para las finanzas personales. Gastos, ingresos, cargas, deudas, seguros, responsabilidades y capital disponible. El inversor ideal tiene pocos gastos, pocas deudas, pocas responsabilidades, muchos ingresos y mucho capital. La meta en este caso es acercarnos lo más posible a este ideal. ¿Cómo se hace eso? Bueno, poniendo la casa en regla. Poniéndole orden y empeño a la cosa.

Ahora que tenemos un capital podemos ir al siguiente paso. ¿Cuándo comprar? Lo mejor es comprar barato para vender caro. Debemos recordar que todo eso se hace para mantener un estilo de vida. No se trata de acumular por acumular. Eso es avaricia. Invertimos para obtener libertad financiera. Esto significa: Vivir según nuestros deseos. Y vivir según nuestros deseos es un hecho concreto que requiere la capacidad de adquirir bienes y servicios. Comida, casa, transporte, servicios, salud, entrenamiento, etc. El vivir requiere una logística y esta logística se financia con dinero. En este contexto, el precio de Bitcoin importa. Importa muchísimo. No es lo mismo un Bitcoin en $10 que un Bitcoin en $100 mil. Con 10$ compramos un almuerzo. Con $100 mil compramos más de un almuerzo.

Entonces, la idea básica es comprar barato para vender caro. Aquí el peligro es comprar demasiado tarde y vender demasiado temprano. ¿Qué es Bitcoin? Es un código en una red descentralizada de computadoras. Ese código representa una tasa de cambio. Las personas compran este código por varias razones: Especulación, ideología, privacidad, evasión, o conveniencia. Palabras menos, palabras más, Bitcoin es un pacto social. Eso implica que su precio se relaciona con el número de participantes.

Ahora bien, hay tres tipos de participantes: Los fuertes, los débiles y los potenciales. El participante fuerte compra y espera con voluntad de hierro. El participante débil compra, pero se asusta fácilmente ante la volatilidad. El participante potencial aún no ha comprado por razones circunstanciales. Edad y falta de capital son las principales. El mejor momento para comprar es cuando hay muchos participantes fuertes y potenciales después de una huida masiva por parte de los participantes débiles.

En el saco de los participantes fuertes, podríamos incluir a los mineros, a las ballenas, a los inversores tempranos, a las instituciones, a los capitalistas de riesgo, a los grandes fondos y a los minoristas más comprometidos. Se podría decir que estamos hablando básicamente de los fundamentales de Bitcoin. Esto lo podemos calcular con la ayuda de indicadores. Es muy difícil entrar en detalles. Sin embargo, es posible dibujarnos una idea general de la fortaleza de la comunidad de usuarios con la ayuda de indicadores. 

En lo que respecta a los participantes potenciales, podemos recurrir a las encuestas y a la demografía. ¿Qué empresas del S&P 500 han manifestado interés en invertir en Bitcoin? ¿Cuántos bancos? ¿Cuántos fondos de inversión? ¿Cuántos países? Por otro lado, debemos seguirles la pista a los cambios generacionales. Los jóvenes están creciendo. Y ese crecimiento tiene implicaciones económicas. Un joven de 25 años tal vez no tiene el capital necesario para invertir en Bitcoin ahora. Pero con los años sus capacidades financieras irán en aumento. Es decir, podemos proyectar ahora que en 5 años comprará. Esto lo convierte en un participante potencial.

Ahora hablemos de los participantes débiles. Estamos hablando de especuladores cortoplacistas, novatos, inexpertos, traders, e inversores de poco carácter. El sector minorista es prolífico de estos seres. Lo que normalmente implica que un mercado dominado por los minoristas es un mercado riesgoso y volátil. El indicador de sentimiento es una herramienta relativamente útil para realizar un estimado. La codicia extrema normalmente es una señal de una alta presencia de participantes débiles. Por lo general, es una señal de sobrecompra. Por otro lado, el miedo extremo es una señal de huida por parte del participante débil. Por lo general, una señal de sobreventa.

En el caso de Bitcoin, los factores macroeconómicos son particularmente importantes. El precio de Bitcoin se beneficia bastante de una política monetaria laxa (inyección de liquidez). Brilla en un ciclo alcista. Por otro lado, el camino se torna opaco ante un recorte de liquidez. Bitcoin no es un activo de “creación de riquezas”. Es un activo de “transferencia de riquezas”. No es una granja o una compañía. Es un código. Una tasa de cambio. Y una tasa es un par. Un par se compone de dos elementos. Lo que implica, nos guste o no, que el precio de Bitcoin se relaciona estrechamente con los vaivenes del dólar. Así de sencillo.

Un pronóstico de endurecimiento monetario puede causar miedo entre los participantes más débiles. Es decir, es una invitación a la compra. Lo que se quiere es comprar barato después de una huida masiva por parte de los inversores más débiles sobre las bases de unos fundamentales sólidos (muchos participantes fuertes y muchos participantes potenciales). Primero, tenemos una comunidad en crecimiento y un mercado emergente. Segundo, las fluctuaciones son normales porque no todos los inversores están hechos para soportar los dolores de la volatilidad. Los débiles se retiran con facilidad. Pero la buena noticia es que también regresan con facilidad. 

He presentado una metodología que nos permite hacer una valoración de la situación. No se trata de hacer predicciones. Yo diría que es un termómetro que nos puede orientar a escoger entre las tres opciones disponibles para el inversor: ¿Compro, vendo o me mantengo? Comprar es una apuesta. En cierto modo, es lanzarse al agua. Exige valentía. ¿Cuál es el miedo? Que el precio baje después de nuestra compra. ¿Qué hacemos en ese caso? Compramos un poco más, confiando en nuestro termómetro. O simplemente esperamos que regrese el agua a su cauce. Comprar es como jugar al baseball. Esperamos sin miedo y con seguridad. Y, cuando se presenta la bola ideal, la sacamos del campo. 

Aclaración: La información y/u opiniones emitidas en este artículo no representan necesariamente los puntos de vista o la línea editorial de Cointelegraph. La información aquí expuesta no debe ser tomada como consejo financiero o recomendación de inversión. Toda inversión y movimiento comercial implican riesgos y es responsabilidad de cada persona hacer su debida investigación antes de tomar una decisión de inversión.

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